México acaba de vivir su mejor semestre exportador de la historia: 389 mil 723 millones de dólares, un salto de 24.6% que ni los aranceles lograron frenar.
Esto lleva a recordar lo que el hoy embajador de México ante la Unión Europea, Esteban Moctezuma, sostenía cuando estuvo al frente de la embajada en Washington: que las economías de México y Estados Unidos son interdependientes. El argumento se sostiene solo: México necesita preservar el acceso preferencial que sostiene su modelo exportador y el nearshoring; Estados Unidos, por su parte, busca corregir desequilibrios sin perder la plataforma regional que le da ventaja frente a China.
Esa interdependencia es justo el telón de fondo de lo que está pasando esta semana en la revisión del T-MEC. Aquí te explicamos cómo se conecta todo.

En estructura, las manufacturas ya representan el 91.3% de todo lo que México vende al exterior. El país sigue siendo, ante todo, una plataforma industrial.
Del lado de las compras, las importaciones sumaron 379 mil 866 millones de dólares (+22%), impulsadas por bienes intermedios, es decir, insumos para seguir fabricando y exportando. El resultado neto: un superávit comercial de 9 mil 857 millones de dólares en el semestre, casi siete veces más que el de 2025 (mil 433 millones).
Algunos economistas, como Gerónimo Ugarte de Valmex, ponen un matiz importante: buena parte de este boom corresponde al ensamblaje final en México de componentes asiáticos, es decir, exportaciones de menor valor agregado. El impulso es real, pero su calidad —y su duración— todavía están en debate.
Mientras tanto, en la mesa de negociación
Este récord no ocurre en el vacío. Ocurre en medio de la revisión conjunta del T-MEC, y la semana pasada tuvimos otra señal de hacia dónde va esa conversación.
El 23 de julio, tras tres días de reuniones en Ciudad de México, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, cerraron la tercera ronda de negociaciones bilaterales con un comunicado conjunto. El tono: “colaboración constructiva” entre la USTR y la Secretaría de Economía. Greer incluso se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum para revisar los avances.
Los temas sobre la mesa no son menores: seguridad económica, condiciones laborales, agricultura, pagos electrónicos, acero y aluminio (con sus derivados), y reglas para el sector automotriz —justo el sector que hoy es el eslabón débil de las exportaciones mexicanas. Ambas partes coincidieron en algo que aparece cada vez más en el discurso oficial: la necesidad de fortalecer las cadenas de suministro de América del Norte y frenar el “aprovechamiento indebido” del tratado por parte de terceros países, léase, componentes asiáticos entrando por la puerta trasera del T-MEC.
¿El resultado concreto de la ronda? Ninguna cifra nueva de aranceles ni reglas de origen definitivas, pero sí una fecha: la cuarta ronda de negociaciones se realizará en Washington, D.C., durante la primera quincena de septiembre.

Lo que México puso sobre la mesa: bajar aranceles, no solo dialogar
El comunicado conjunto es diplomático por diseño, pero detrás de él México llevó una agenda concreta y, sobre todo, cuantificada. Ebrard confirmó que la prioridad mexicana en esta tercera ronda fue explícita: reducir el arancel del 25% que hoy enfrenta la industria automotriz, además de eliminar los gravámenes de la Sección 232 sobre acero, aluminio y sus derivados.
El argumento de fondo es competitivo, no solo comercial: Ebrard señaló que otros países cuentan con condiciones arancelarias que les permiten competir contra México en el mercado estadounidense, pese a que México forma parte de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) reforzó el punto: las armadoras estadounidenses instaladas en México hoy pagan un arancel más alto para exportar a Estados Unidos que sus competidores de Japón, Corea y Europa, países que además no están sujetos a las mismas reglas de origen.

Ebrard fue enfático en el mensaje que México quiere proyectar: pese a las diferencias, el país mantiene una posición preferencial frente a otros socios comerciales de Estados Unidos, y esa ventaja —dijo— ya se refleja en el propio crecimiento de las exportaciones. La comparación que usó es reveladora: de los 60 países alcanzados por las nuevas medidas de la Sección 301, México es de los que menos modificaciones sufrió.
Del lado de Sheinbaum, el mensaje también fue de firmeza: la presidenta afirmó que México buscará acuerdos de fondo en esta ronda para que las revisiones anuales que vienen (obligatorias hasta 2036, tras la negativa de Washington a renovar el tratado automáticamente) funcionen como una simple lista de verificación de cumplimiento, y no como una negociación completa cada año. También advirtió que Washington busca endurecer las reglas de origen y elevar el contenido estadounidense en los productos regionales, y que México “protegerá su economía” en ese proceso.
La lectura de fondo
Aquí está el contraste que vale la pena subrayar: México está exportando más que nunca mientras la relación comercial con su principal socio sigue sin resolverse del todo. El músculo industrial está respondiendo —sobre todo en manufactura no automotriz, empujado por la demanda de IA en Estados Unidos— pero la certidumbre de largo plazo sigue pendiente de lo que se defina ronda tras ronda.
Y no es casualidad que el sector automotriz sea, a la vez, el rezagado del récord exportador (creció apenas 1% en el semestre) y el reclamo número uno de México en la mesa de negociación. Es la prueba más clara de la interdependencia de la que hablaba Moctezuma: mientras el arancel del 25% siga vigente, ese sector seguirá sin poder capitalizar la ventaja preferencial que sí está impulsando al resto de la manufactura mexicana.
Septiembre, con la cuarta ronda en Washington, será la siguiente prueba real. Lo que México puso hoy en la mesa —del arancel automotriz a la Sección 232, pasando por el Mecanismo Laboral y el impuesto a las remesas— definirá si el “boom exportador” de este semestre fue el inicio de una nueva etapa o solo una ventana antes de que las reglas del juego se endurezcan.



